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18 de junio de 2013 actualizado a las 21:05 h
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Piojos resucitados

 Jose Tellaetxe el 20 de julio de 2012
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¿Dónde están el glamour y los V.I.P. cuando hacen falta? Me lo pregunto a menudo, sobre todo cuando en épocas de sequía la F1 cae a peso porque no hay Dios que la sostenga, sea dicho con todos mis respetos, como ésta que estamos sufriendo, que entre primas de riesgo, eurocopas pasadas y juegos olímpicos que se inauguran en nada, la cosa de escribir sobre nuestro amado deporte pasa por aceptar que te leerán la luna y los cuatro gatos que la rondan.

¿Dónde andan los que afirman que la auténtica F1 no se celebra en el asfalto, sino en los pasillos y despachos del paddock, aunque babean con lo hermoso que resulta el negocio cuando las masas enardecidas desbordan las vallas del circuito para jalear a sus pilotos y bólidos, en santuarios como Monza? ¿Dónde se ocultan ahora que se les necesita?

Ni están ni se les espera, y lamento decirlo, porque ni la sala de máquinas ni su grasa van con ellos. Total, para qué molestarse si hay siempre uno o varios gilipuertas de quien echar mano, que expliquen lo que no está escrito, que hablen de lo que nadie recuerda, que mantengan la llama en alto y bien alimentada para que luego vengan ellos y renieguen de tener que hablar con una portera o con un carnicero, de algo tan sagrado y tan difícil de comprender como las carreras de autos.

Populismo versus elitismo, chusma molesta contra finolis, el eterno enfrentamiento entre las diferentes formas que tenemos a la hora deentender el mundo que nos rodea, en esto, o en cualquier otra cosa, para qué vamos a negarlo, y que siempre acaba en nada, por qué no mencionarlo, ya que mientras los intengrantes del primer grupo forman parte del mañana y lo construyen como pueden, los respresentantes del segundo son precisamente los que establecen las reglas del presente de todos, los que se lo apropian para exprimirlo hasta dejarlo en la cáscara, diciéndonos, por ejemplo, cómo es el espectáculo que nos gusta aunque suela no gustarnos, cómo debemos entenderlo aunque ni ellos sepan lo que llevan entre manos, pero siempre sin mancharse las manos, ¡ojo!, no vaya a ser que la alegría sea contagiosa…

Cuando concluyeron las 24 Horas de Le Mans, hace apenas nada, el populacho tomó la recta de meta del circuito de La Sarthe como si fuese la Bastilla, para rendir homenaje a sus héroes, para sacarse unas fotos o sencillamente para poder contar a sus nietos que estuvieron allí. Y el caso es que las carreras eran así no hace tanto, y la peña se arremolinaba alrededor de los pilotos, y tocaba u observaba con asombro sus monoplazas cuando había finalizado todo, de igual manera que hoy la masa arropa a la Esteban o a cualquier otro mindundis, cuando la cámara de la televisión los pilla saliendo acaso del baño. Era la norma y formaba parte del contrato, pilotos, coches y aficionados eran la F1, pero llegaron los piojos resucitados, que diría mi abuela, los tipos que siendo gente vulgar se han creído siempre otra cosa, porque en el bolsillo, en vez de calderilla, y con suerte, llevan tarjetas exclusivas que abren puertas exclusivas de paraísos exclusivos.

Y aquí están, controlando el cotarro en pleno siglo XXI, esgrimiendo rancias filosofías que separan más y más al deporte de sus raíces, argumentado no se sabe qué cosas sobre lo interesante y complicado que resulta el negocio… El negocio, sí, ese negocio que como el gigante del cuento tiene los pies de barro, y se tambalea en toda su estatura cuando los que le sostienen, la morralla, encuentran otros entretenimientos tan vulgares como disfrutar de unas vacaciones donde evaporarse del mundo que les rodea, o soportar la tristeza de no saber si habrá siquiera un mañana para ellos, pero que responden como siempre han hecho, ante la posibilidad de que un tipo o una escudería en los que creen a pie juntillas, pueda conseguir una victoria y tenga la generosidad de compartirla con ellos.

Populismo vs. elitismo en un mundo de piojos en el cual, por los resucitados que decía mi abuela, miran con desprecio y por encima del hombro a los que han de buscarse la vida. Total, para qué se va a hacer algún esfuerzo por cambiar nada, si siempre habrá un idiota que mantiene la llama encendida mientras los de arriba se reparten el pecio. Futuro frente a un presente cortoplacista; ilusión mientras se corta la merluza mencionando a un tal Alonso o a un tal Vettel en la pescadería, frente a un negocio serio y bien calibrado que llena sus gradas de muñecas hinchables… La idiotez ésta del café para unos pocos, frente a la realidad del pit-lane de Monza.

¿Dónde están el glamour y los V.I.P. cuando hacen falta? Pues eso, que con la pregunta nos quedamos en la boca mientras esto sigue haciendo aguas.

Os leo.

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