
En nada nos acercaremos a una de las etapas más bellas del calendario, a esa pareja de danzarines rostro capaz de clavarnos al sillón o a la grada así estemos asistiendo al mayor peñazo de temporada.
Spa y Monza deberían ser declaradas especies protegidas, disponer de matrícula de honor para evitar tener que pagarle la cuota a Bernie, porque sintetizan los poco de espectáculo que va quedando en ésto y porque son circuitos puros que mantienen casi intacta su esencia y la de toda la F1, a pesar de las manos que los han retocado para actualizarlos al devenir de los tiempos, como si hiciera falta y no fuese más sencillo aceptar que para hollar su asfalto habría que quitarse los zapatos y los calcetines primero, dejar las cosas como quedaron no hace tanto, vamos…
Spa es un trazado exigente para las almas que alientan tanto titanio y fibra de carbono, y Monza, también, aunque nos vendan que en sus entrañas prima la aerodinámica, porque el circuito italiano es el más rápido de todos cuantos hay en la actualidad, y los pilotos que circulan por él lo sobrevuelan a ras de suelo como si fuesen cazas de combate.
En fin, se me acaba el solaz y hay algo dentro de mí que me dice que deje mi plaza vacante el lunes próximo, no sea que me acostumbre de nuevo al dale que dale a la correa de transmisión que hace que casi todos los años parezcan el mismo en septiembre, y tal vez por ello me gustan más si cabe esas dos citas a ciegas que tendrá que aprovechar como sea el tipo que mira serio en la imagen de arriba, Jenson, a quien el mundial se le escapa como agua salada y arena de playa entre los dedos, como el sol se acuesta rojo sobre el horizonte.
Lo tiene crudo Button. Vuelve al cole sin haber tenido tiempo de hacer los deberes, con la cartera llena de suspensos pero con la esperanza de poder coger el tren que se le ha ido escapando poco a poco y que a punto estuvo de acariciar con los dedos en Hockenheim para tener que aceptar que se alejaba de nuevo en Hungaroring. Pinta mal para el británico rubiales, pero Spa y Monza pueden ser el milagro que necesita a poco que el MP4/27 responda a las expectativas que generó a comienzos de temporada, cuestión que McLaren parece haberse tomado con extremo celo. Aunque quede por ahí la asignatura pendiente de si el novio de Michibata será capaz de evitar la cruz de esa moneda que tantas veces le ha dado la espalda en 2012, el de Frome es perro viejo y ha lidiado en plazas peores, y además conoce los circuitos belga e italiano como la palma de su mano.
Lewis no está tan lejos. Ya se sabe que el principal enemigo de un piloto, amén de él mismo, es el otro, el que comparte colores y cacharro en el mismo equipo, de manera que quedando por delante de Hamilton en Bélgica e Italia, Jenson podría ver más luz a final del túnel que la que ve ahora mismo. Seguiría estando detrás del de Stevenage, o delante si la fortuna mira a éste de reojo para compensar lo sucedido en la mitad de sesión que hemos dejado atrás hace un puñado de semanas, y todavía quedarían siete carreras para seguir intentándolo, siete, las mismas que había desde Melburne a Montreal, para que nos entendamos. Un universo en todo caso, en el que si Button sabe jugar sus escasas cartas todo sigue siendo posible, porque la lucha fratricida podría permitir que se fueran limando una a una las asperezas que separan a los chicos de Woking de sus inmediatos rivales.
Total, es cuestión de ver el patio del colegio a comienzos de septiembre con algo de optimismo y con una pizca de frialdad y flema británicas. ¿Por qué no? ¡Podría ser!
30 de mayo de 2013
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