¿Qué sabemos del F2012…? Reformulo la pregunta, ¿qué sabemos en realidad del F2012? Pues apenas nada, para ser sinceros. Dicen que chuta poco pero va mejor que el 150th Italia, que iba mal por las mismas cuestiones ignotas que el nuevo vehículo de Maranello va mal yendo bien, ¿me siguen? Por la misma razón inexplicable, el RB8 de Red Bull va mayúsculo yendo no tan bien como se dice, entre otras cosas porque cuando iba mal también iba bien. No sé si me siguen, aunque desearía que así fuera.
Agradecería ser menos heretodoxo, lo reconozco, pero es lo que hay y aunque mis lectores más añejos saben de sobra lo que pueden esperar de mi humilde forma de ver las cosas, a los nuevos cabe avisarles del peligro que corren, siquiera para que no se lleven a engaño.
Dicen que quedan cuatro guerras que se celebrarán desde pasado mañana hasta que el banderazo que cierre Interlagos y la temporada sancione que ha terminado todo; comentan que son cuatro citas ineludibles, en las que Ferrari y Fernando van a dar el todo por el todo para enfrentarse a ese ogro que sale en las fotos bajo los pies del tipo que señala el cielo con el dedo índice cuando gana; pero entiendo que no conviene amontonar los problemas y que más vale centrarse en ellos de uno en uno, de manera que en el horizonte diamantino de la tierra que vio nacer a Kipling, resuena en mis oídos India, sólo India.
Como tifoso doy gracias al Todopoderoso de que el primer combate tenga lugar en un circuito que a Tilke le salió tras una noche de farra —sabido es que los artistas dan lo mejor de sí mismos cuando tienen la guardia baja—, porque de haber un lugar en la tierra donde pueden suceder los milagros, sin duda se llama Buddh.
Cuando Fernando se ciscaba en lo que no está escrito el otro día (Suzuka creo), al respecto de que al F2012 no le habían ni pasado cera por la carrocería desde hacía una buena temporada, creo honestamente que se refería a otra cosa diferente a la que ha transcendido y que obligó al cabo de unas horas a que Domenicali se remangara la sotana de seminarista para enseñar quién lleva los pantalones en Ferrari.
En serio lo digo. Ni túnel de viento ni piezas que no funcionan, el Nano llamaba a rebato a su escudería porque nadie mejor que él sabe que Red Bull, amén de hacer bebidas de lata y venderlas como rosquillas, funciona como un puñetero cronómetro suizo cuando tiene la moral alta.
Superado el rigor mortis que se me produjo el domingo pasado, echando cuentas y esas cosas, descontando las dos carreras que Fernando no ha puntuado y las otras dos en las que Sebastian se ha ido de nones, percibo que las cosas no son tal cual las vemos, sino algo distintas.
Tenemos dos coches, dos duros contrincantes, el RB8 en una esquina del cuadrilátero y en otra el F2012, cada uno de ellos con sus respectivas peculiaridades. Para colmo de males, ambas máquinas van pilotadas por dos de los tres mejores elementos de la parrilla actual, y cada uno de ellos, a su manera, las están explotando como mejor pueden.
La desolación porque Fernando ha cedido la cabeza de la clasificación a Sebastian ha llegado incluso a empañar lo logrado por el asturiano a lo largo y ancho de la sesión. Si el año pasado por estas fechas, el de Oviedo naufragaba a 137 puntos del mismo tipo que hoy le saca 6, la culpa de aquello la tenía la misma Ferrari de ahora, aunque con diferentes argumentos: el 150th Italia era conservador y por ende, una castaña; Maranello se la había cogido con papel de fumar en su diseño y así no era de extrañar nada. Doce meses después, seguimos igual pero con otro argumento de peso, que consiste —aunque resulte sonrojante sólo insinuarlo— en que el F2012 es demasiado radicalote, demasiado complejo y diferente, y así no es de extrañar nada…
Pasando por alto el hecho de que si Fernando hubiese podido puntuar en Spa y Suzuka los tifosi, los pseudo tifosi, los enemigos de la rossa y la madre que nos parió a todos, estaríamos viendo el mundo en colorines por mucho Vettel que arrasara carrera tras carrera, como venía a decir el otro día, nos corroe la impaciencia y hemos perdido el temple que antaño distinguía a los buenos aficionados, porque todos queremos disfrutar del deporte llegando, viendo y venciendo, como el mismísimo Julio César.
Alcemos nuestras voces para entonar una sonora alabanza a la generosidad de los cielos, pues hoy, en la tierra donde dicen que nace el sol, nuestros ojos han podido asistir a varios milagros.
Si ya avisé en verano de que la cosa aquella de que todo el pescado estaba vendido porque Fernando sacaba lo que no está escrito a sus inmediatos rivales por el título no tenía visos de ser cierta, en Japón se nos ha puesto mal cuerpo a los tifosi porque el alternador de Sebastian no se ha escachuflado, y el alemán se sitúa ya a 4 puntos de la estela del de Oviedo. Si alguien pensaba que existía serio riesgo de que la F1 se evaporara como por arte de magia sin la magia de Alonso (valga la redundancia), en Suzuka, como en Spa, el infortunio sufrido por el español antes de llegar a la primera curva, nos ha venido a demostrar que hay vida más allá de toda muerte, y que los auténticos aficionados cambiamos rápidamente de galgo con tal de seguir disfrutando. Si se había dado a mi Felipe por irremediablemente perdido para la causa, proponiendo como natural sustituto al inmaculado Sergio, hoy se ha visto que no resulta tan sencillo eso de valorar lo que vemos cada domingo de carreras, porque seguimos huérfanos de datos. Si Kamui tenía que volver a doblar la rodilla porque en Sauber sólo hay un piloto que sabe correr, esta tarde nipona que ha discurrido ante nuestros ojos cuando aún estaban llenos de legañas, se ha venido a demostrar que quien tiene, retiene, y que todo es posible, incluso que el androide de ojos rasgados haya pisado podio ante su público…
No se alarmen, sólo es una muñeca… Mejor, alármense porque la muñeca de los cogieron parece una mujer real si no fuese por esos ojos que no miran, por esos labios que no tiemblan, por esa piel que no responde como haría el mar al ser acariciado por la brisa…
Singapur, sí… Dije el otro día que Singapur sobraba, que sirve de relleno para dilatar el calendario, de love doll para entretener a esa caterva de impresentables que harán como que caminan sobre las aguas con tal de que asimilemos de una puñetera vez que esto que nos sirven frío, puede ser considerado F1 en estado puro. Y admitía también que así y todo, soy capaz de tolerar el bendito Gran Premio más deslumbrante de la temporada, aunque éste encuentre su luminosa fortuna a base de sacrificar watios y watios.
Todo iba bien hasta que Montezemolo dijo algo el otro día sobre que a Sergio [Pérez] le faltaba algún hervor que otro para subirse a un coche rosso, y que de elegir a alguien, se quedaba con Vettel [Sebastian], zanjando con autoridad la herida abierta en el lomo de Il Cavallino a cuenta de la posible sustitución de mi Felipe [Massa] para el año próximo.
El padrino del mejicano tardó poco en afirmar que Ferrari no era el lugar adecuado para su pupilo, y las huestes del ¡ésta sí que es la buena! tardaron aún menos en subir a Hamilton a una Mercedes que mientras Daimler no diga nada, vale lo que valían las aventuras en pos de El Dorado…
La posición de Fernando en el campeonato no es tan cómoda como parece. Lleva un puñado de puntos de ventaja sobre sus inmediatos rivales, pero quedan 9 carreras, las mismas que han transcurrido desde que comenzó todo hasta que concluyó el Gran Premio de Alemania. ¡Tela!, como diría aquél.
Amén de la cantidad de kilómetros que supone tanta prueba junta, queda por ahí el asunto de que este año el ovetense no ha tenido que abandonar ni una vez ni ha sufrido un miserable accidente (¡la Vírgen de Covadonga nos proteja de tales coyunturas!), lo que nos pone en que hay por delante mucho territorio en el que puede suceder casi cualquier cosa, que resucite Gerónimo o incluso que Alonso se corone como tricampeón del mundo, uniendo su nombre al de Ayrton Senna, Jackie Stewart, Jack Brabham, Nelson Piquet (el auténtico) y Niki Lauda.
Os echaba de menos, vaya por delante. Total, que ando de vacaciones toreras y tocaba ir tomando el pulso a esto de las cuatro ruedas, no vaya a ser que llegue Spa y me pille más amodorrado que de costumbre, gracias entre otras cosas, a que Bernie sigue empeñado en que vivamos su vida y no la nuestra, la que necesitamos, la que nos levanta de la silla cada vez que hay Gran Premio, ésa por la que bebemos los vientos , ésa misma que no necesita Instagram para que se te quede grabada en la retina…
Me fui con la noticia de que a mi Felipe lo más seguro era que no lo renueven en la rossa, y vengo con ella, con él, bajo el brazo, y no tanto por hablar otra vez de un personaje al que quiero de manera entrañable y al que he intentado defender incluso cuando andaba maltrecho en las escolleras, zarandeado por los mares que hacían chanza de su figura y por qué no decirlo, presa de su propia mala fortuna. No, vengo con él debajo del sobaco, porque Felipe Massa se encuentra a unos meses de servirnos de metáfora, cuando el hueco que deje sea llenado por alguien que tampoco nos satisfaga.