Williams es uno de esos magníficos ejemplos que me hacen pensar en que lo que ocurre dentro de la F1 es aplicable con puntos, comas y comas y puntos, y acaso con algún que otro punto y seguido suelto, a eso que llamamos realidad, porque después de sacar a subasta los habitáculos de sus vehículos para tener dinero suficiente como para disponer de un buen monoplaza, ahora que lo tiene, de lo que carece es precisamente de pilotos que sepan estar a su altura.
El FW34 ha salido bueno y a fe mía que no lo imaginaba. La operación de limpieza de casa que originó la salida de Sam Michael la temporada pasada, no me dio buena espina. La llegada de Coughlan y la jubilación de Head tampoco ayudaron a resolver mis cautelas, lo mismo que la patada en el culo que dio la de Grove a Rubens Barrichello, a finales de la sesión 2011.