El uso de la psicología en la Fórmula 1 es desde siempre, algo que me apasiona. Todos mienten en el paddock, todos guardan sus cartas y enseñan la mano que conviene en cada momento mientras ocultan la otra…
Ferrari está haciéndose notar en esto del affaire Pirelli, precisamente por el celo que está poniendo en situarse en un segundo plano desde que comenzara el acoso a la milanesa antes de Bahrein. En apariencia el asunto no va con ella y si se la menciona, son otros los que lo hacen, como por ejemplo Jaime Alguersuari o Éric Boullier, quienes situaban hace un par de días a la de Maranello, precisamente en el lado de los chicos buenos que han hecho los deberes en invierno y pretemporada.
Los anticonspiranoicos, acostumbrados a buscar tres pies al gato con mayor celo y arrojo que los conspiranoicos de pura cepa, llevan desde ayer intentando cuestionar esa presunta relación que existe entre que Red Bull pidió por su boquita que endurecieran las gomas y Pirelli obraba el milagro de endurecerlas, en base a que con los compuestos new hard de la italiana, la que ganó fue Ferrari y la malparada en el Gran Premio de España fue precisamente la austriaca.
Tampoco le fue bien a Mercedes AMG (otra de las promotoras del cambio), hay que admitirlo, pero sincerémonos, al paso que vamos, la de Brackley necesita algo más que un poco de apoyo externo para remontar el vuelo. En fin, visto así, linealmente, como lo he escrito en el primer párrafo, hasta yo, que me las gasto de sospechar de todo lo que se menea, creería a pie juntillas que los descreídos nos fuimos de baretas conjugando la posibilidad de que el artificio de la milanesa beneficiara a los chicos de Milton Keynes, aunque una mirada al detalle de la prueba de hace unas hora me anima a reafirmar mis ideas preliminares.
Las últimas participaciones de Felipe Massa están sembrando el pánico entre los tifosi. Felipe progresa en este 2013 de más a menos, en modo cangrejo, a razón de un puesto peor en cada carrera, que se dice pronto. Total, que en Melbourne el paulista se quedaba a las puertas del podio, en Sepang en el felpudo y en Shanghai en el rellano. De no corregirse pronto la tendencia, todo indica que lo vemos en el portal del edificio en menos que canta un gallo.
Después de su accidente en Hungría 2009, el brasileño de Ferrari retornó a los circuitos con fuerza, precisamente en el Gran Premio de Bahrein del año siguiente, donde quedó segundo por detrás de Fernando Alonso y por delante de Sebastian Vettel.
A pesar de la inusual tranquilidad mostrada por el asturiano a comienzos de esta temporada, Fernando tiene ante sí una tarea complicada en la cita que reabre el calendario este próximo fin de semana en China.
Perdidos unos sabrosos puntos al verse obligado a abandonar en Sepang por rotura del alerón delantero de su F138, el bicampeón navega en la actualidad en la sexta posición de la tabla del Mundial de Pilotos, por detrás de todos los pesos pesados de la parrilla y de su propio compañero Felipe Massa (5º), y por tanto, necesita imperiosamente enmendar la situación antes de que termine la gira asiática que se cierra con el Gran Premio de Bahrein, que se celebrará el próximo 21 de abril, siete días después de que El Circo abandone Shanghai.
Si algo de bueno tiene escribir sobre lo sucedido en la carrera una vez ha pasado el fin de semana, es que el despliegue de informaciones y sensaciones recabadas aquí y allá, nos permite leer lo sucedido con un menor márgen de error.
Se ha dicho siempre que los Grandes Premios comienzan los sábados, durante la calificación, y el aserto nunca ha sido tan certero, siempre bajo mi humilde punto de vista, como durante el pasado G.P. de Australia, porque fue en la mañana del domingo (ya se sabe lo que pasa con los sábados cuando juguetea con ellos la FIA) donde Red Bull metió la pata hasta el corvejón, como ya insinué el mismo día de la prueba por la tarde.
«No hay nada más triste en esta vida que intentar alegrársela a alguien que no quiere disfrutarla…»
Esta frase la escribí hace mucho, y la puse en boca de un personaje de una historia densa y larga que no sé si terminaré algún día, pero me ha venido inmediatamente a la cabeza en cuanto he conocido que Felipe Massa, mi Felipe, en vez de disfrutar de un cuarto puesto que ha ayudado a Ferrari a liderar la tabla de constructores y le devuelve a él al mundo de los pilotos con opciones, ha comentado que no puedes estar contento del todo cuando luchabas por ganar y acabas cuarto.
Hay algo en el ambiente que se hace de rogar como si fuese la novia en el día de su boda, o como la llamada del director de sucursal para decirte que el banco te ha concedido el crédito, o como los brotes verdes de Zapatero, o la salida de la crisis de Mariano, o como ese puñetero sábado que nunca llega aunque hoy sea martes después de que ayer fuese lunes, y anteayer, domingo.
Mañana será miércoles y de dolor, porque el jueves estará al caer pero seguro que el muy mamón no enseña la oreja hasta las 00:00 que serán, si Dios no lo remedia, las infinito en punto de la jornada a la que todavía le quedarán 24 lentitudes tejidas por 60 espinas cada una, para poder llamarse viernes, de dolores también, porque habrá que esperar todavía otro tanto y otro mucho de lo que ya nos hemos metido entre pecho y espalda, para que nos podamos poner a las 07:00 de ese sábado de los demonios que estando relativamente cerca, sin embargo está tan y tan lejos.
Ya he hecho las maletas para irme a Oceanía… Bueno, no las he hecho, entendedme, es pura retórica, lo primero de todo porque no uso de esos trastos endiablados y prefiero la mochila para desplazarme de incógnito; lo segundo, porque después de lo desastroso que ha resultado febrero, toca defender el pabellón pirata sable en mano y desde el puente, como diría aquél, al menos hasta este próximo sábado; y lo tercero y tal vez más importante, porque las tierras yermas que de verdad me tiran, son blancas y están al norte y no al sur de estos lares, como Melbourne… ¡Por ésas sí que haría maletas!
En fin, lo que quería decir es que ya estamos aquí, de nuevo, como todos los años por estas fechas, frente a frente de una sesión que no ha podido comenzar más tediosa —juro que no recuerdo una pretemporada tan anodina—, pero que aún así y todo, promete hacernos tilín y talán en cuanto los bólidos comiencen a rodar sobre el asfalto de Albert Park, y es que dentro de siete días, quien más y quien menos, yo mismo también, se habrá olvidado de ese desierto abrasador que hemos transitado sin agua desde que 2012 terminara para nosotros en Interlagos.
Ha terminado la tercera y última tanda de entrenamientos de pretemporada, y reconozco que me he quedado bastante huérfano en cuanto a lo que esperaba de Newey y no se ha visto por ningún lado en ese paso a limpio del RB8 que supone el RB9.
Objetivamente hablando, el coche austriaco parece ir todo lo bien que se podía esperar de una plataforma que el año pasado venció en el mundial de marcas y pilotos, lo que no es moco de pavo. Ahora bien, el escenario de continuidad propuesto por Milton Keynes se antoja bastante rácano si echamos la vista atrás y vemos al RB8 pasándolas canutas de Abu Dhabi a Brasil, fase final del campeonato en el cual, la de Horner se limitó a minimizar daños, a jugar a la defensiva, hasta el punto de que Alonso recuperó 10 puntos de una tacada en la última carrera, para terminar segundo en el mundial a tan sólo 3 puntos de Vettel.
Como sabéis a estas alturas, bajo el morro del F138 existe una abertura horizontal cuya explicación está haciendo correr auténticos ríos de tinta. Desde luego no me siento quién para llevar la contraria a alguien, ni siquiera para convencer a nadie, razón por la cual considero que es un simple agujero dispuesto en un lugar en el que ofrece algún tipo de beneficio aerodinámico, porque en caso contrario, no lo habrían puesto ahí.
Dicho esto, el año pasado también pequé de buscar tres pies al gato con la ranura que presentaba el RB8 en el borde superior de su escalón nasal, pero este año me ha dado por reducir aspiraciones, aceptando que las cosas pueden ser mucho más sencillas de lo que imaginamos, y teniendo siempre presente el yu-yu que produce a muchos la palabra drag (resistencia al avance).