Las vibraciones que ofrece McLaren son cada vez más inquietantes, o a mí me lo parece. Sea por la intervención de Pirelli o sencillamente porque el MP4/28 ha nacido malparío, el asunto con la de Woking pinta cuando menos raro de narices porque para estas alturas, no se debería sentir tanto la ausencia de Lewis Hamilton. Y es que de Stevenage, aunque las cosas no pintaran mejor que ahora en algunos momentos de la historia reciente de la plateada, tenía su puntito de gallo alocado que quitaba todos los malos sabores de la boca, y aquí Jenson sigue sin poder o saber dar el callo.
Sergio Pérez es un recién llegado, pero el de Frome ya lleva su tiempo en Woking. Ha estado a las duras y a las maduras desde que aterrizara en la segunda escudería con más tradición del campeonato, allá como en 2010. En su costal hay etapas negras, muy negras, como aquel 2008 que pasó en Honda, y otras llenas de mieles aunque no cuajara el asunto (2004), y aún otras deslumbrantes y repletas de alegrías, tal que el mundial que ganó con Brawn GP en 2009.
Si alguien me dice que hay que resolver una ecuación con un tipo que pasa por no cuidar las ruedas en una escudería cuyos coches las destrozan, y me propone un resultado en el que el primero consigue mimar sus neumáticos, sencillamente me caería de la silla. Y el caso es que la ecuación de los demonios no resulta nada descabellada en cuanto miras a Lewis a la cara y comprendes que no es aquél a quien malquisiste endemoniadamente, sino alguien bien distinto ante el cual te quitas el sombrero una vez y otra más, y las que hagan falta, desde hace ya tres años largos.
¡Joder cómo pasa el tiempo! En nada este blog cumplirá seis ciclos solares completos. Era agosto y había sucedido aquello que pasó en Hungaroring 2007 en el seno de McLaren. Y aquel gallito peleón que paseaba orgulloso su cresta y espolones por el paddock, ha ido perdiendo plumas y reponiéndolas, se ha roto el pico y las uñas en infinidad de ocasiones, sufrió heridas y supo restañarlas.
A tenor de los aparentes pobres resultados obtenidos por Sergio, Checo, en sus primeros pasos dados en McLaren, alguien podría pensar —yo no, desde luego— que yéndose de Sauber y firmando por McLaren, el mexicano se pasó literalmente de frenada.
Soy de la opinión contraria, en serio, porque si Pérez tenía una maldita oportunidad de demostrar todo lo que sabe y no ha podido enseñar, ésa estaba esperándole en el interior de Woking, agazapada en un esquina de las pocas que todavía se sostienen en mitad del derrumbe general, quién sabe si una de aquellas que fueron trasladadas desde el viejo headquarter de Colnbrook que pisaran Bruce, Teddy y Timothy, antes de que Ron decidiera enseñárselas a la Reina de Inglaterra, habiéndolas trasladado previamente a su pueblo natal.
Hacer una valoración sobre la situación de McLaren habiéndose celebrado sólo una prueba, amén de harto complicado y pelín aventurado, viene a ser como hacer un triple mortal sin red, porque si existe una escudería con capacidad demostrada para cambiar las cosas, ésa es la de Woking.
No obstante, las vibraciones ofrecidas por la plateada en Albert Park no pueden ser consideradas buenas, ni mucho menos, sino todo lo contrario, ya que durante todo el fin de semana adoleció de infinidad de problemas que ejercieron al final un desastroso efecto sobre los resultados previstos, de manera que al término de la prueba Martin Whismarth tenía mala cara, Jenson Button tenía mala cara, Sergio Pérez sonreía porque no le quedaba otra y es un tipo risueño, y así, imagino, si pudiéramos ver a todos y cada uno de los integrantes del equipo humano británico, lo más seguro es que podríamos definir el cuadro completo de la británica, como profundamente triste.
Ya he hecho las maletas para irme a Oceanía… Bueno, no las he hecho, entendedme, es pura retórica, lo primero de todo porque no uso de esos trastos endiablados y prefiero la mochila para desplazarme de incógnito; lo segundo, porque después de lo desastroso que ha resultado febrero, toca defender el pabellón pirata sable en mano y desde el puente, como diría aquél, al menos hasta este próximo sábado; y lo tercero y tal vez más importante, porque las tierras yermas que de verdad me tiran, son blancas y están al norte y no al sur de estos lares, como Melbourne… ¡Por ésas sí que haría maletas!
En fin, lo que quería decir es que ya estamos aquí, de nuevo, como todos los años por estas fechas, frente a frente de una sesión que no ha podido comenzar más tediosa —juro que no recuerdo una pretemporada tan anodina—, pero que aún así y todo, promete hacernos tilín y talán en cuanto los bólidos comiencen a rodar sobre el asfalto de Albert Park, y es que dentro de siete días, quien más y quien menos, yo mismo también, se habrá olvidado de ese desierto abrasador que hemos transitado sin agua desde que 2012 terminara para nosotros en Interlagos.
Soy un tipo afortunado. Ando un poco pum, escucho a Mark Knopfler cantando Get lucky y me pongo pam en lo que tardan algunos mortales en pestañear. Total, que me daba repelús ponerme a escribir, y he recordado en la brevedad de un instante que el futuro se labra en el presente aunque no se tengan malditas las ganas.
Al final todo es una sencilla cuestión de perspectiva, de mirar las cosas de arriba abajo en vez de abajo a arriba, de aceptar de una vez por todas, aunque sea una vez más (y las que quedan), que no se consigue nada esperando a un séptimo de caballería que jamás te ha salvado el culo porque siempre ha estado entretenido en sus propias guerras.
Con comedido ornato y oropel, este mediodía ha sido presentado el boceto de vehículo con el que Jenson Button y Sergio Pérez defenderán los colores de McLaren durante este 2013 que abriremos en breve.
Como ya sucediera con el E21 de Lotus, la sorpresa ha sido que apenas ha habido sorpresas más allá de los ajustes que ha sufrido el nuevo monoplaza sobre su antecesor, y si me apuráis, sobre el antecesor de éste, ya que en el MP4/28 todavía es posible entrever las líneas maestras que definían el MP4/26 de 2011.
El consabido que inventen otros tiene en la F1 una tradicional e indecorosa manera de ponerse de manifiesto. Toda vez que resulta imposible del todo acertar con todas las variables que concurren en un monoplaza existoso, lo normal, como digo, es que el reparto de responsabilidad en eso de investigar y aplicar lo investigado, en nuestro deporte recaiga en los hombros de todos, en un esfuerzo mancomunado por tirar pa’lante y mirar de reojo lo que hacen los otros, y funciona, claro.
No está lejos el tiempo en que los albaceas en cuyas manos depositamos insensatamente la cosa esa de que en la fórmula queen reine la cordura, decidieron reducir gastos eliminando la figura del ojeador. Me reí a finales de 2008 y creo que escribí incluso algo al respecto. Pensé que eran cuatro gatos, pero al cabo del tiempo pienso si no serían más de los que pensábamos y la medida recortadora tenía más calado y aquél del que también pensábamos.
Como en el tenis, McLaren ha clavado otro año en blanco por arriesgar con los tiros bajos y profundos. El MP4/27 comenzó impecablemente la sesión (Button marcaba tanto en Melbourne), pero los errores de la escudería le hicieron perder set tras set hasta que Hamilton rompía el saque en favor de la de Woking en el Gilles Villenueve.
En aquel preciso instante ni era tarde ni todo lo contrario. La temporada transcurría a golpe de ganador por carrera, y la consecuente sangría de puntos beneficiaba y perjudicaba a todos por igual. Nada parecía indicar que el tiempo se agotaba, sobre todo para el equipo británico, porque en una de esas decisiones tontas que se toman a veces, las evoluciones diseñadas para que el coche siguiera sobreviviendo vinieron a suponer una especie de mal de ojo automedicado, ya que lejos de mejorar su estado o incluso estabilizarlo, lo sometío a un retroceso de prestaciones en carrera que a la postre definiría un comienzo de verano para olvidar, of course!
En pleno Oeste americano, casi en el corazón del Western cinematográfico, aunque sin reses ni cow boys, un circuito sosote como el COTA (Circuit of The Americas) se proponía como el momento adecuado para que el alemán de Red Bull o el español de Ferrari despejaran sus respectivos caminos en pos del título mundial, aunque terminó convirtiéndose, gracias a Pirelli y sus cosas, en una segunda vuelta de lo visto en Abu Dhabi, de manera que si en el trazado asiático era Sebastian quien minimizaba daños perdiendo tan sólo 3 puntos, en el americano, era Fernando quien cedía los 3 ganados hacía quince días, devolviéndonos al escenario sugerido tras el G.P. de India, con 13 puntos de separación neta entre el líder y su más directo —y único— rival.
Podríamos decir que Ferrari no pudo o supo estar a la altura (creo que hay matices que procuraré ir desgranando estos próximos días), y al hilo, que Red Bull desperdició la penúltima bala de su revólver, entre otras cosas, por la aparición en escena de un Lewis Hamilton que cumpliendo todos los pronósticos, ni sufrió problemas en su vehículo (oh, my God!), ni quiso perder la oportunidad de brindar a su equipo una victoria de despedida.