A Kimi le ha caído una de órdago por haber molestado a Nico Rosberg en su vuelta buena en Sepang. Bueno, lo de buena lo insinúa Nico, dejémoslo aquí y que cada uno saque sus propias conclusiones, porque al conocer que la FIA se ha vuelto sabia y salomónica de golpe y porrazo, me ha venido a la cabeza el cierre que le hizo Sebastian a Fernando en la calificación para Suzuka el año pasado, creo, incidente del que el alemán se libró de rositas, como mandan los cánones de los buenos prejuicios.
Lo de los buenos prejuicios es mío, no os creáis, porque se me ha acusado tantas veces de ser promotor y alentador de polémicas, que en el catecismo que utilizo para escribir sobre F1 tengo bien subrayado en rojo, que un aficionado de pelo en pecho puede tener los prejuicios que quiera, pero debe aparentar que no los tiene ni se le han imaginado siquiera, porque en caso contrario, estará pecando y de manera flagrante de malos prejuicios, de mal rollo, vamos.
Hace no mucho era un devorador impenitente de prensa diaria, actividad de la que me he ido quitando como he podido aunque para calmar el mono, recurra a comprar El País muy de vez en cuando. Ayer y hoy han sido uno de esos días en los que he pasado por el quiosco antes de tomar el desayuno, y cuál ha sido mi sorpresa cuando esta mañana, en las páginas interiores del TBO que responde de aquella manera a mis inquietudes, me he encontrado con una entrevista a Gay Talese, uno de esos dinosaurios profundamente vitales a los que se observa desde lejos una vez han sido descubiertos.
Había oído hablar de Talese, lo había visto referenciado innumerables veces, pero no había tenido oportunidad de sentirlo tan cerca, y aunque carezco de datos acerca de que el venerable padre del periodismo literario pueda ser aficionado al deporte del motor, le he leído una frase perfectamente aplicable a lo nuestro y que al parecer, aunque sospecho que por otras razones, ha merecido la atención de Bárbara Celis, la autora del artículo en cuestión, quien lo ha resaltado en su texto. La frase dice así: «Las historias de perdedores son más interesantes que las de ganadores.»
Técnicamente, la activación del DRS (Drag Reduction System) en un monoplaza, significa que el alerón trasero pierde una buena cantidad de la carga aerodinámica que puede generar, por un lado, y por otro, que reduce drásticamente la resistencia al avance del vehículo, de manera que la conjunción de ambas circunstancias hace que éste gane una interesante cuota de velocidad punta —lógicamente, el cachivache resulta adecuado para ser usado en rectas, porque en zonas viradas el coche necesita apoyo aerodinámico y sería suicida no contar con él—.
Deportivamente hablando, el DRS supone que una vez activado, el vehículo que lo está usando puede dar caza con relativa facilidad a un rival que se encuentre por delante a una distancia igual o menor a un segundo.