El incidente que protagonizó ayer, de nuevo, Mark Webber, el aussie, durante la disputa del Gran Premio de China, tenía aires de réplica de terremoto.
Después del asunto del poco caldo con el que corrió el australiano la Q2, circunstancia que le llevó a ser penalizado a ocupar la última plaza en la parrilla y en última instancia a salir del pit lane, lo de la rueda en el precipitado tercer stint del vehículo número 2 de Milton Keynes, sonaba a cuchufleta, a clavo mal puesto en un ataúd que se presupone al menos tan digno como la escudería que en apariencia nos había invitado al entierro.
Si algo tengo que agradecerle a RUSH a pesar del varapalo que metí ayer a la susodicha cinta en ciernes, es que va a estar firmada por un hombre de letras, por un tipo que estudió en la Escuela de Cinematografía de la Universidad del Sur de California sin llegar a graduarse.
Sólo a un individuo así se le podía meter en la cabeza materializar el miedo que sienten los pilotos o se presume que sienten, macerando en la pantalla la oscuridad amenazante que aplastaba el circuito de Fuji aquel 24 de octubre de 1976 en el que James y Niki se jugaban el campeonato al todo o nada.
A pesar de la inusual tranquilidad mostrada por el asturiano a comienzos de esta temporada, Fernando tiene ante sí una tarea complicada en la cita que reabre el calendario este próximo fin de semana en China.
Perdidos unos sabrosos puntos al verse obligado a abandonar en Sepang por rotura del alerón delantero de su F138, el bicampeón navega en la actualidad en la sexta posición de la tabla del Mundial de Pilotos, por detrás de todos los pesos pesados de la parrilla y de su propio compañero Felipe Massa (5º), y por tanto, necesita imperiosamente enmendar la situación antes de que termine la gira asiática que se cierra con el Gran Premio de Bahrein, que se celebrará el próximo 21 de abril, siete días después de que El Circo abandone Shanghai.
Seb es mardito como lo son Fernando, Lewis, Kimi o Michael (Jenson sólo lo fue en Honda). Ser mardito o hacerse pasar por él, va en la soldada de los buenos campeones del mundo (Jenson tendría que haber ganado su título con Honda y no con Brawn), de manera que plantear siquiera el malditismo de Vettel, su calidad de mardito pata negra, no es otra cosa que una cacofonía inútil, una reiteración tontorrona que sólo se le podría ocurrir a un departamento de marketing con poca lectura a sus espaldas y nula visión de horizontes.
Sea como fuere, y aunque en mi modestia lo prologué hace unos días, el marditismo de Seb, made in Red Bull, estaba servido antes de conocer que desde hace menos de una semana, lleva sembrándose en los mentideros de Internet, la especie de que a Seb le han dejado solo en Milton Keynes.
Como en lo decorados, la parte importante de los mismos permanece invisible a los ojos del espectador, sosteniéndolos mientras aparentan vaya usted a saber qué cosa que pone encanto o da identidad a una irrealidad que sólo cobra sentido en la retina de aquellos que consienten en quedar atrapados por la magia, que se dice.
Webber se mostraba altanero en el podio de Malasia, como si conociera éste y otros secretos que pemanecen ocultos más allá de lo que trasciende de una carrera. Firme y seguro como si su vida profesional dependiera de algo más que cumplir una Multi 21, una Multi 12 o una Multi lo que sea. Amenazador como si tuviera nítida constancia de que él forma parte del andamio que sostiene el tinglado en Milton Keynes, o acaso, auténtica dinamita en los bolsillos, quién sabe.
Tanto hablar de Kimi estas últimas semanas, a colación de mentar a Bernie ayer, me vinieron a la cabeza inmediatamente después de publicar la entrada aquellas duras palabras que tuvo el patrón de la F1 con el finlandés en 2008: «puede que Raikkonen se haya desenamorado de la Fórmula 1 o bien que nunca haya estado enamorado de ella.»
Bien es cierto que las críticas del octogenario británico hacia la actitud de ciertos pilotos, sólo de ciertos, no han afectado exclusivamente a Kimi, pues también tuvo alguna perla que otra para Fernando durante su etapa en McLaren. Sea como fuere, Iceman en 2008 ejercía de vigente campeón del mundo en Ferrari, como así mismo hacía de tal el Nano en la de Woking, en 2007, de manera que resulta fácil arrogar al del «yo habría hecho lo mismo que Vettel», una manía persecutoria que ha encontrado su diana en los campeones del mundo más díscolos ante el desempeño de esa faceta que se espera de ellos como embajadores de la marca F1.
«Yo habría hecho lo mismo que Vettel», así empieza esta historia, con una frase dictada desde ese instinto peculiar y genuino, que convierte en dólares todo lo que toca el tipo de la imagen de más arriba, un avezado conductor, por llamarlo de alguna manera, que intentó participar en una prueba, Mónaco 1958, a bordo de un Connaught Alta con el que no llegó a ganar un puesto en la parrilla.
Dice Wikipedia, y cito, que «su primera experiencia como piloto comenzó en 1949 en la Fórmula 3 de 500 cc, adquiriendo un Cooper MkV en 1951. Participó en un número limitado de carreras, principalmente en su circuito local, Brands Hatch. Sus aspiraciones sufrieron un [duro] golpe cuando chocó con Whitehouse Bill y aterrizó en el aparcamiento en el exterior de la pista.» Pero es igual, él habría hecho lo mismo que Sebastian en Malasia, y habrá que creerlo, ¿no?
Es Bernie. La fotografía me la pasaba el otro día mi amigo Carlos, en el Facebook, y tras jugar un rato al gato y al ratón, al final terminé acertando en segunda tentativa, lo admito, y es que para situar a Bernie en la tesitura de reconocerlo con casco y sobre un coche de carreras, a la primera, vamos, hay que tener un arsenal del que no dispongo. Es una excusa, lo sé, pero para colmo la instantánea corresponde precisamente al único Gran Premio en el que tuvo oportunidad de hacer lo que hace el de Hepennheim, y mira, nos quedamos compuestos y sin novia y con la copla de que a día de hoy, él, Bernie, Bernard Charles Ecclestone, el manús que corta el bacalao en todo esto, si pudiera (se da por supuesto), habría hecho lo mismo que Vettel en Sepang.
Bien mirado tiene su tela el asunto. Un fracaso de piloto afirma que habría hecho la misma felonía que ejecutó el tricampeón más joven de la historia sobre su compañero. Un hombre acostumbrado a mandar toda su vida, reniega de las órdenes de equipo. El puntal de la F1, en definitiva, taladra con sus sabias palabras los cimientos de todo esto, esa confianza que deposita el equipo en su pilotos cuando comienzan a carretear por la pista. Suena a tertulia de tasca, pero va en serio. Bernie ha dicho que «yo habría hecho lo mismo que Vettel» y cabe preguntarse qué dijo el británico cuando el Lole se puso chubarra con Williams en el 80 del siglo pasado, o cuando años más tarde, Didier se pasó por el forro de los cogieron el pacto que tenía con Gilles para Ímola…
Da lo mismo, seguro que Bernie dijo en aquel entonces que él no habría hecho lo mismo.
Lleva en la sangre eso de amoldarse, de nadar y guardar la ropa. Cuando los pilotos eran un problema porque él era patrón de escudería, tocaba sacrificarlos en el crematorio de lo deportivo. Ahora que no le tocan el bolsillo, obviamente se pone de su lado y enarbola el citius, altius, fortius olímpico. Y él es hoy Schumacher y Sebastian mañana, y haría lo mismo que ellos, siempre que se genere un debate sano, de los suyos, en los que interviene cuando le da la real gana para decir cosas como las que ha dicho: «yo habría hecho lo mismo que Vettel», con tal de que el negocio siga gozando de buena salud, aunque sea a base de prosperar en lo más fétido del lodo.
Lo de menos es si fue piloto o lo intentó. Ni siquiera si hace las cosas a sabiendas o porque se le ha ido la olla, como insinuaba no hace mucho Montezemolo. Mucho menos si le gusta nadar contracorriente o va contracorriente porque es bueno para el negocio. Lo importante es que Bernie es el jefe del Circus y uno no sabe si ejerce de funambulista o de payaso cuando se mete en estos jardines por el bien de todos.
Sea pues, yo también habría hecho lo mismo que Vettel, y que termine esta historia. Os leo.
PD: Carlos, un abrazote
Como ya ocurriera en Turquía 2010, después de lo sucedido hoy entre Sebastian y Mark, la peor parte se la va a llevar Horner, porque auguro que dentro de unas horas o unos días, menos de una semana en todo caso, herr Doktor Marko habrá vuelto a demostrar quién manda en Milton Keynes, y si no, al tiempo.
Horner me parece un buen tipo en un mal barco. Una de esas gentes que prosperan en malos ambientes sin necesidad de pringarse, lisa y llanamente porque quien hace crecer el negocio y vela por él y se mancha de sangre, rara vez se deja ver si no es para amenazar a alguien. Obviamente, el barco se llama Red Bull, el que hace crecer el negocio de manera responsable responde al nombre de Helmut Marko, y quien corre con los gastos, al de Christian Horner, un individuo hoy bastante disminuido en el cargo que desempeña, porque un patrón que no ejerce sus funciones de manera plena, vale lo que le dura el puesto y siempre será considerado un hombre de paja.
Si se mantienen las previsiones de lluvia para el próximo fin de semana —que de momento ahí siguen, pintando de oscuro el horizonte—, las posibilidades de Red Bull se pueden ver drásticamente reducidas y haría falta esperar a Shanghai para volver a ver a los de la bebida energética enseñando músculo, y eso si no llueve también durante la prueba china, que está por ver.
El RB9, a decir de los expertos, es el vehículo de mayor carga aerodinámica de la parrilla y por ello, obviamente ve penalizada su velocidad punta (¿quién lo diría viéndolo calificar con Sebastian a bordo, eh?), lo que viene a significar más o menos, que el austriaco es el coche más rápido en paso por curva, ámbito de desenvoltura en el que tradicionalmente se ganan las carreras, donde la downforce dispensa con mayor generosidad sus sacramentos, y donde la bicha de Adrian pulveriza los cronos, y por supuesto, a sus rivales.
Si algo de bueno tiene escribir sobre lo sucedido en la carrera una vez ha pasado el fin de semana, es que el despliegue de informaciones y sensaciones recabadas aquí y allá, nos permite leer lo sucedido con un menor márgen de error.
Se ha dicho siempre que los Grandes Premios comienzan los sábados, durante la calificación, y el aserto nunca ha sido tan certero, siempre bajo mi humilde punto de vista, como durante el pasado G.P. de Australia, porque fue en la mañana del domingo (ya se sabe lo que pasa con los sábados cuando juguetea con ellos la FIA) donde Red Bull metió la pata hasta el corvejón, como ya insinué el mismo día de la prueba por la tarde.